Pasaron varios días hasta que alguien reparó en que los sueños habían desaparecido.
lunes, 28 de mayo de 2012
Personas especiales
Damián se empezaba a convencer de que las mujeres
debían ser todas como ella, de que Adriana, cuando fuera mayor, sería como
ella, porque Adriana leía a todas horas, y las personas que leen libros, como
aquellos que ven películas, que hacen películas, directores, actores, escritores,
lectores, no podían ser malos y no se conformarían con cualquier tipo de vida.
miércoles, 4 de abril de 2012
El olor de las novelas
Cada novela huele de una forma, como suena de una forma distinta según su gestación. Cuando comencé a escribir El Desencantador, ya olía mi vida a té rojo Hornimans con ciruela y anís. Luego, cuando me fui a vivir a Swansea, se le impregnó un poco el olor a salitre de las playas galesas. Luego un poco de olor a hospital que le vino muy bien para según qué partes de la novela, para qué engañarnos, y olor a marihuana y a gato y a perro, aunque no haya un solo perro en todo el libro. También huele a Nocilla, a más té (he tomado mucho té durante la redacción de esta novela), y también viene impregnada de Cocacola y tinta negra.
Registrada
El Desencantador ya se encuentra registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual, para evitarme sorpresas de ningún tipo. Además, ya ha pasado tres correcciones: la primera mía, la de una amiga, Rocío, filóloga inglesa y lectora entregada, y una tercera mía donde he encontrado más erratas absurdas. Ahora toca plantearme cuál va a ser el próximo paso: contactar con una editorial directamente o estudiar la posibilidad de algún premio literario de novela juvenil. Igual lo intento todo. Cada día creo más en esta novela.
martes, 7 de febrero de 2012
El cine
El Desencantador está protagonizada por un cinéfilo. Cuando yo era pequeño, vivía en Bélmez de la Moraleda, mi pueblo. Ahí no había cine ni videoclub o algo parecido, y en mi casa no se solía ver cine más allá de las películas que emitían por televisión. De este modo, aunque supongo que siempre me apasionó, nunca tuve la ocasión de empaparme de esta maravilla que supone la magia del cine. Con dieciséis, diecisiete años, cuando viajaba a Granada, solía comprar de vez en cuando alguna película. Compraba todos los meses las dos revistas de cine que llegaban al pueblo, Fotogramas y Cinemanía. Me encantaba leer sobre cine. Comencé a memorizar repartos completos de películas que no había visto. Era una aproximación curiosa al cine, desde el papel en lugar de la pantalla. En cualquier caso, esto me conformó un bagaje y cierto criterio. Comencé a comprar películas como 21 gramos, 2046 o Lost in translation, por citar tres ejemplos. Las amaba. Por eso, cuando llegué con 18 recién cumplidos a Granada, me hice socio de un cineclub y todas las semanas iba una o dos veces al cine, no importaba si solo o acompañado. Veía todo el cine que podía, todo el cine que no había visto en quince, dieciséis años. No dejaba de ver cine de los mejores directores, de las mejores tradiciones, de los mejores festivales. Me hice un poco elitista. Del mismo modo, empecé a escribir crítica cinematográfica en mi blog personal. De ahí llegué a otros muchos blogs y conocí gente brillante en Internet que amaba tanto el cine como yo, pero que sabían mucho más. Me ofrecieron la ocasión de colaborar con la revista Cinempatía, como hago desde 2007 con nula regularidad. Eso me hizo colaborar con otros medios, conocer más gente y más cine. Amar el cine, podría decirse, por encima de la literatura.
Por lo general, a los protagonistas de mis historias les gusta la cultura: música, cine, literatura... porque no concibo el mundo sin esto. El mundo sería horrible sin cultura, tan gris todo. Damián, el prota de esta novela, no podía ser menos. De hecho, es mucho más: ama tanto el cine que le gustaría ser director, pero aún es muy joven, tiene 14 años. De todos modos, eso no le impide disfrutar y saber de actuaciones, planos, guiones, iluminación...
Por eso el cine es una parte indispensable de la novela. No sólo en la personalidad del protagonista, sino en el desarrollo de la historia y la forma de redactarla. La presentación de ciertas partes del libro son eminentemente cinematográficas, y si pudiera serían fragmentos de películas, pero es parte de la magia de la literatura: abstraerte a donde el escritor quiera.
Muchas veces he lamentado no haber tenido la ocasión de beber toda la cultura, todos los referentes culturales que otros sí pudieron, no haber tenido el estímulo. Descubrí la biblioteca del pueblo por un amigo y eso me cambió la vida. Desde entonces, iba todos los días. Mis padres no fueron quienes me llevaron a la biblioteca, me llevó un amigo con 9, 10 años, no sé bien. Al cine no me llevó nadie, y por eso espero que a Damián lo hayan guiado tan bien como yo querría. Por eso sus padres, como impronta y demiurgos, tienen un papel tan relevante en la vida de Damián.
Lo dicho: Luces. Cámaras. ¡Acción!
martes, 20 de diciembre de 2011
Promesa
Ahora mismo estoy escribiendo una novela y dos o tres en proyecto. Para la que estoy escribiendo, El Desencantador, me hice con una biografía de Marilyn Monroe, porque la chica aparece en un par de capítulos o tres, sólo eso, pero son decisivos y no quería desperdiciar el caramelo. En cuanto a la novela que estoy proyectando escribir cuando acabe El Desencantador, me la estoy preparando concienzudamente a base de leer las novelas más importantes de Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas y Al otro lado del espejo. No, no son meras fantasías infantiles. Tenéis que saber que Lewis Carroll no era el nombre del autor, sino su pseudónimo, y que este tipo era matemático y juega mucho con la lógica, los juegos de palabra y referencias a la cultura popular de la época. Aunque he de reconocer que tanta cartita y juego con las niñas me da un no sé qué de mal rollo pedófilo. Lo mismo es porque también he empezado a leerme Lolita de Nabokov, aunque no tenga nada que ver con el País de las Maravillas. Creo que mi novela en Wonderland promete bastante. Espero no equivocarme.
domingo, 19 de junio de 2011
Ejercicio de clase 1: Describe a uno de tus compañeros
Se llama Damián y tiene trece años. Tiene los ojos marrones, el pelo rubio y la nariz un poco grande. No es ni muy alto ni muy bajo, y tampoco está muy gordo ni delgado. Siempre lleva sus deportivas azules y a veces lleva camisa porque su madre le obliga pero a él no le gustan. Sus aficiones son pasar las tardes en la calle con sus amigos y ver películas raras.
A.A.L.
Voy a hablar de mi amigo Damián. Tiene 13 años aunque no es muy alto para su edad. Sus ojos son marrones y grandes, y su boca es bastante pequeña, como no habla mucho no la necesita más grande. Le gustan el chocolate, el cine y la natación. No le gustan el fútbol, la crema y los gatos. Es simpático y bastante listo, pero ante todo es un buen amigo.
F.L.C.
Damián es normal. No es ni alto ni bajo, ni gordo ni delgado. La única diferencia con los demás chicos de su edad es que sabe muchísimo de cine porque no le gusta el fútbol. Se come las uñas y por eso las tiene tan pequeñas, pero a veces se pone guantes para evitarlo. No tiene hermanos ni hermanas y vive con sus padres. Hace bastante que no se corta el pelo y ya le cae por debajo de las orejas, y por eso está siempre llevándose la mano para apartárselo de la cara. Como tiene problemas de memoria escribe todo lo que hace y siempre lleva una libreta encima. También apunta sus sueños todas las mañanas.
E.J.K.
Damián es un buen tío que lo ha pasado algo mal pero que ahora sabe dónde tiene los pies y sus amigos también lo sabemos. Siempre tiene alguna historia que contar para cuando acabamos un partido. Se come los bollycaos de dos en dos, es el mejor jugando a juegos viejos que le enseñan sus primos como las chapas o los tazos y es el único tío al que conozco que siempre está escribiendo cosas para no olvidarlas. Es muy educado y siempre tiene respuesta para todo.
R.L.U.
Adriana tiene el pelo rubio y rizado. Sus ojos tienen el iris verde como una esmeralda y brillan con la luz del sol. No es muy alta, y tampoco está gorda ni delgada. Lleva una pulsera azul y verde en la muñeca. El verde de la pulsera y el verde de los ojos se parecen mucho. Le gusta leer todos los libros que encuentra, los animales de la calle y las monedas de chocolate. Adriana es lista y aunque no estudia mucho siempre saca buenas notas sobre todo en conocimiento del medio. Casi siempre lleva vaqueros y camisetas negras porque sus primas francesas se las regalan. También se pone una cazadora amarilla con botones rojos.
Adriana es toda sonrisa. Lo primero de lo que te das cuenta cuando la miras es de su boca pequeña porque siempre está riendo. Me perdería en sus ojos si pudiera. Siempre que hablamos me sostiene la mirada hasta que tengo que torcer la cabeza para dejar de mirarla a los ojos. Me gusta como se riza un mechón que le cae por delante del hombro, encontrarla leyendo hecha un ovillo bajo un árbol del parque y hablarle de películas porque siempre conoce algún libro que cuenta la misma historia. Es guapa, aunque no lo sabe. Lo mismo lo sabe y siempre está disimulando. Pero lo que me gusta más de ella es que, como yo, pertenece al bando de los perdedores que en el futuro seremos los vencedores. Y lo más importante es que ella fue la protagonista de mi primer sueño película.
(mi diario)
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